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La deuda buena y la deuda mala

La primera se define como aquella que te ayuda a adquirir un activo que te ayuda a tu productividad; la segunda tiene la cualidad de sólo generar intereses, sin dar ganancias y se vuelven impagables.

El manejo adecuado de las deudas es un factor determinante para generar riqueza; endeudarse tiene dos caras, una buena que produce y otra mala que te daña.

Aunque en algunos casos pueden ser un gran aliado, y un elemento de apalancamiento muy poderoso, desdichadamente casi todas las personas tenemos deudas malas que limitan dramáticamente nuestras posibilidades de ser financieramente sanos, prósperos y exitosos.

Una deuda buena es aquella que nos permite adquirir un activo que a la larga será productivo. Por ejemplo, la compra de una casa o departamento, la educación de los hijos o la puesta en marcha de un negocio, entre otros.

Por el contrario, una deuda mala normalmente se canaliza al consumo (adquisición de diversos artículos o gastos superfluos, un mal uso de la tarjeta o grandes ofertas a 12 meses) que generalmente llega a rebasar nuestra capacidad de pago.

Es recomendable jerarquizar sus necesidades para no incurrir en una “deuda mala”.

Por ejemplo, si un taxista quiere adquirir un automóvil nuevo, para él será una deuda buena porque le servirá para generar futuros ingresos. En cambio, “podemos querer un Ferrari, pero no me alcanza para comprarlo y a lo mejor adquiero uno más sencillo” y si nos empeñamos en comprarlo podría convertirse en una deuda mala.

“Esto va mucho en el aspecto de jerarquizar nuestras necesidades. Analizar si lo que queremos comprar lo necesitamos realmente y, principalmente, cómo voy a cubrir ese bien que quiero adquirir”.

Generalmente las personas piden préstamos porque lo quieren invertir en algo más: en un negocio, en algún inmueble en algo que les reditúe; de lo contario, no sería positivo asumir ese préstamo si la tasa de interés que nos cobran es elevada o no podremos cumplir con la deuda cada mes, porque un incumplimiento siempre es más costoso.

Uno de los principales parámetros que se toman en cuenta es el porcentaje que representaría el endeudamiento respecto de los ingresos.

Por cuestiones bancarias, agrega, es de hasta un 30%; entonces, “uno como persona física o moral, puede tener como capacidad de endeudamiento hasta un tercio de los ingresos, antes de prestaciones e impuestos”.

Este parámetro no sólo se percibe para efectos de personas o empresas, sino también países. Por ejemplo, la reciente crisis de deuda en Grecia preocupa a la Comunidad Europea y a los inversionistas internacionales porque la razón deuda/PIB empieza rebasar el 50%; es decir, por cada dólar, o euro, que se genere más de la mitad se destinará al pago de intereses y deuda. Igual es para las personas y empresa.

“No existe una regla para definir si una deuda es buena o mala, sino las implicaciones que está generando esa deuda en cuanto a la capacidad de pago y en el momento en que por cuestiones de interés empieza a afectar la capacidad de pago, entonces esa deuda que era buena se ha convertido en mala”.

Bajo su perspectiva, una deuda buena se puede traducir en mala cuando las condiciones del mercado, o el actuar de las contrapartes, ya no nos favorecen.

Para que una deuda no se convierta en un factor negativo que desestabiliza nuestras finanzas los especialistas recomiendan:

1- Jerarquizar nuestras necesidades

2- Tener cultura financiera y dar seguimiento a indicadores económicos, como son las tasas de interés.

3- Disciplina

4- Conocimiento del mercado

5- Utilice su tarjeta de crédito con mesura y liquide su saldo a fin de mes. No la vea como extensión de su salario.

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